Enfermarte y sanar puede depender de tu cerebro

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Actualmente en todo el mundo cientos de investigadores están tratando de confirmar si el cerebro maneja las respuestas inmunitarias y cómo lo hace, en un intento por encontrar tratamientos para diversas enfermedades comunes, entre ellas los ataques cardíacos.

Investigadores israelíes han trabajado en la estimulación de una región del cerebro involucrada en la emoción y la motivación positivas para averiguar si puede influir en la forma en que un paciente con un ataque cardíaco logra su recuperación.

Estos científicos estudiaron muestras extraídas de corazones de ratones que habían sufrido un ataque cardíaco, algunos de los cuales habían recibido estimulación de un área del cerebro involucrada en la emoción y la motivación positivas.

Las muestras pertenecientes a ratones del grupo control, que no habían recibido esa estimulación, estaban visiblemente dañadas por las cicatrices que había dejado el infarto.

Los tejidos de los ratones estimulados exhibían solamente algunas mínimas señales de daño.

Los estudios se repitieron varias veces, siempre con el mismo resultado.

Los ratones que recibían estimulación en una región cerebral denominada área tegmental ventral presentaban cambios inmunológicos que contribuían a la reducción del tejido cicatricial.

Este estudio es la culminación, por el momento porque las investigaciones continúan, de varias décadas de investigación que apuntan a confirmar la contribución del estado psicológico de una persona a la salud de su corazón.

El síndrome del corazón roto

Todos sabemos que un acontecimiento muy estresante puede generar síntomas semejantes a los de un ataque cardíaco. Y que en muchos casos también puede ser fatal.

De hecho, muchas viejas canciones románticas mencionan el hecho de que un desengaño amoroso rompe el corazón.

Por el contrario, muchos estudios han sugerido que una mentalidad positiva puede conducir a mejores resultados en personas con enfermedades cardiovasculares.

Pero los mecanismos detrás de este vínculo se han mantenido esquivos… ¡al menos hasta ahora!

La comunicación entre los sistemas nervioso e inmunológico

Muchos médicos e investigadores son concientes de que los estados mentales pueden tener un impacto profundo en cuánto nos enfermamos y en la posibilidad que tenemos de recuperarnos de una enfermedad.´

Encontrar el cómo de ese mecanismo podría permitir a los médicos aprovechar el poder de la mente sobre el cuerpo para destruir cánceres, mejorar la respuesta a las vacunas y reevaluar a varias enfermedades consideradas, hasta el momento, como psicosomáticas.

Existen múltiples líneas de comunicación entre los sistemas nervioso e inmunológico, desde pequeños circuitos locales en órganos como la piel, hasta rutas de mayor alcance que comienzan en el cerebro, con funciones en varias enfermedades.

Algunas partes del sistema nervioso, como el nervio vago, una extensa vía de fibras nerviosas que conecta el cuerpo con el cerebro, han inspirado tratamientos, que actualmente se están probando en ensayos clínicos, para varias enfermedades autoinmunes.

Otros estudios, que investigan cómo utilizar al cerebro con fines terapéuticos, todavía están en una etapa inicial.

Ante todo es necesario confirmar que las conexiones identificadas en ratones también están presentes en los humanos. Y luego entender el mecanismo por el cual funcionan.

A fines del siglo pasado un grupo de investigadores administró en los cerebros de roedores que habían sufrido accidentes cerebrovasculares, una droga antiinflamatoria que tuvo el efecto deseado, porque logró reducir la neuroinflamación.

A modo de experimento, el equipo de científicos inyectó el mismo fármaco en el cerebro de animales con inflamación en otras partes del cuerpo, y no en el cerebro. Y lograron que la inflamación también desapareciera, aunque no estaba radicada en el cerebro.

Tras varios meses de intentos por determinar la ruta del fármaco desde el cerebro al cuerpo, los investigadores decidieron cortar el nervio vago, un conjunto de fibras nerviosas que va desde el cerebro hasta el corazón, los pulmones, el tracto gastrointestinal y otros órganos importantes.

Con el nervio vago cortado, el efecto antiinflamatorio del fármaco administrado en el cerebro desapareció.

Inspirados por este descubrimiento diversos grupos de investigadores continuaron explorando otras formas en las que el nervio vago, y el resto del sistema nervioso, dirigen las respuestas inmunitarias.

Una fuerza impulsora de estos desarrollos, ha sido el advenimiento de herramientas científicas que permiten a los investigadores comenzar a trazar las interacciones entre los sistemas nervioso e inmunológico de una manera sin precedentes.

En 2022 un equipo de investigadores comprobó, en Alemania, que la interacción entre las células inmunitarias y los nervios en la capa más externa de las paredes arteriales moduló la progresión de la aterosclerosis, una enfermedad inflamatoria en la que los vasos se obstruyen con colesterol y otras sustancias.

Del laboratorio experimental a la clínica

Algunos grupos esperan replicar sus hallazgos en humanos, utilizando herramientas como la realidad virtual para manipular los niveles de estrés de las personas y ver cómo eso cambia la respuesta inmunológica.

En la Universidad de Tel Aviv, en Israel, están investigando si la estimulación del sistema de recompensa en el cerebro humano, antes de que reciban una vacuna, puede mejorar la respuesta inmunológica.

En lugar de estimular el cerebro directamente, utilizan un método llamado neurofeedback, en el que las personas aprenden a observar y controlar su propia actividad cerebral; esto se mide utilizando métodos como la resonancia magnética funcional.

También esperan aprovechar las tecnologías existentes de estimulación cerebral, como la estimulación magnética transcraneal, que usa pulsos magnéticos para alterar la actividad cerebral, o el ultrasonido enfocado, que usa ondas sonoras para modular el sistema inmunológico de las personas con cáncer, enfermedades autoinmunes u otras condiciones.

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