La depresión ¿puede ser un factor de riesgo para la enfermedad de Parkinson?

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Aunque es muy poco común que una persona consulte a un médico preocupada por un cambio en su expresión facial, sí suele ser común que los miembros de la familia de un paciente que padece enfermedad de Parkinson informen, en retrospectiva, que su familiar tiempo atrás había dejado de sonreír, a pesar de mantener un buen sentido del humor.

O bien comentar que les había comenzado a parecer emocionalmente más distante y frío.

Con menos frecuencia, informan una expresión de mirada fija o, en lenguaje más vulgar, pueden decir que tenía una “cara de póquer”.

Desde un punto de vista más profesional, se suele decir que la expresión no se pierde sino que es menos espontánea.

En un paciente con enfermedad de Parkinson con frecuencia se observa que los músculos de la cara están inmóviles, hay una notable fijeza en la mirada, y las facciones presentan una expresión permanente de melancolía, a veces de necedad.

En algunas personas con depresión grave, el habla lenta y monocorde y la reducción de los movimientos espontáneos del rostro pueden confundirse con los de un enfermo de Parkinson.

El estreñimiento, el insomnio y la pérdida de peso, así como el cansancio, la pérdida de la alegría de vivir y el aumento de la ansiedad son síntomas tempranos no específicos comunes a la enfermedad de Parkinson y a la depresión.

Investigaciones recientes

La asociación epidemiológica entre la enfermedad depresiva y la enfermedad de Parkinson aún no está clara.

Hasta ahora ha resultado imposible determinar si las características mencionadas constituyen un factor de riesgo de personalidad, que puede predecir que una persona depresiva sufrirá enfermedad de Parkinson, o si son síntomas que indican que la enfermedad de Parkinson ya ha iniciado su curso.

Pero recientes estudios, publicados en la revista Neurology, encontraron una asociación positiva entre la depresión y el desarrollo de la enfermedad de Parkinson posterior.

En una investigación con seguimiento de pacientes durante diecisiete años, la depresión fue diagnosticada aproximadamente cuatro años y medio antes del diagnóstico de la enfermedad de Parkinson.

En consecuencia, la depresión, que es un trastorno del estado anímico que puede provocar sentimientos negativos duraderos y abrumadores de tristeza o desesperanza, podría ser una advertencia de un trastorno neurodegenerativo posterior, como la enfermedad de Parkinson.

Dado que las emociones negativas producen la liberación de moléculas proinflamatorias, como las citoquinas o el cortisol, capaces de dañar al cerebro, la depresión podría ser una advertencia de un trastorno neurodegenerativo, incluida la enfermedad de Parkinson, especialmente en los ancianos.

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