Las mascarillas llegaron para quedarse

Según afirman tanto los epidemiólogos como los científicos dedicados a la investigación de enfermedades infecciosas, las enfermedades virales respiratorias, que fueron escasas a partir de la pandemia de COVID 19, están reapareciendo a niveles notablemente altos, provocando lo que califican como una tripledemia de COVID-19, gripe y virus sincicial respiratorio (VSR) causante de la bronquiolitis.
En el transcurso de la pandemia de COVID 19, que comenzó sobre el final del año 2019, los epidemiólogos tuvieron que abocarse a recomendar rápidamente medidas sanitarias que dificultaran la transmisión de un virus respiratorio hasta ese momento desconocido.
Y comprobaron que uno de los métodos más antiguos para controlar los virus respiratorios, la mascarilla facial, seguía siendo una de las herramientas más efectivas en caso de pandemia.
Varios virus circulantes
Ahora, en 2022, en el hemisferio norte pudieron comprobar que el importante incremento de enfermedades respiratorias ya no se debe a un único virus nuevo sino que la ola de enfermedades incluye combinaciones cambiantes de más de quince tipos y subtipos de virus.
El nuevo patrón viral se ha puesto de manifiesto especialmente en los niños en edad escolar.
Las investigaciones más recientes han demostrado que las aulas albergan muchos virus a la vez, y que los niños pueden infectarse con dos o tres virus incluso durante una sola enfermedad.
Para la mayoría de las personas, los virus respiratorios pueden provocar inconvenientes pasajeros, especialmente considerando que tanto la gripe como el COVID, y también en la actualidad el VSR, cuentan con vacunas disponibles o en estadios muy avanzados de investigación, y con tratamientos antivirales para evitar que las patologías se conviertan en una enfermedad grave.
Pero en algunos casos estos virus pueden provocar enfermedades graves, especialmente en ambos extremos de la vida: niños muy pequeños y adultos mayores.
Cómo reducir el riesgo de contagio
Pero, afortunadamente, contamos con una forma sencilla de reducir el riesgo de contagiarnos y de contagiar a los demás, si es que tenemos algún síntoma que pueda sugerir la presencia de virus respiratorios.
Cuando se trata de decisiones individuales, las mascarillas faciales se encuentran entre los pasos más económicos y efectivos que se pueden tomar para reducir ampliamente la transmisión de una multitud de virus.
Durante la epidemia de SARS, en 2002-2003, las mascarillas evitaron una infección por cada seis personas que las usaban.
El uso de mascarillas por parte de los trabajadores de la salud ha sido durante años la estrategia de elección para proteger a los niños en riesgo de la infección por VSR transmitida en entornos hospitalarios.
Un estudio realizado entre estudiantes de la Universidad de Michigan, entre 2006 y 2007, encontró que las enfermedades respiratorias sintomáticas se reducían entre los usuarios de mascarillas.
El efecto protector aumentó cuando su uso se combinó con la higiene de manos.
Más recientemente, se evaluó la cantidad de virus presente en el aliento exhalado de personas con síntomas respiratorios para estudiar hasta qué punto las máscaras bloqueaban la liberación de partículas de virus.
Los sujetos seleccionados al azar para usar una máscara tenían niveles más bajos de excreción respiratoria de influenza, rinovirus y coronavirus, que aquellos que no las usaron.
Las máscaras brindan un beneficio dual: reducen la cantidad de virus que ingresa al aire, y reducen la cantidad de virus que ingresan a nuestras vías respiratorias cuando respiramos.
Además también brindan un tercer beneficio. El de proteger a la mucosa nasal del ingreso de aire muy frío, que reduce la inmunidad nasal y aumenta la susceptibilidad a los virus, según demostraron algunas investigaciones muy recientes.
Otra ventaja de las mascarillas es que pueden reducir la transmisión de todos los virus respiratorios, sin necesidad de adaptar la intervención a un virus específico.
De modo que, aunque tal vez nos resulte algo incómodo usar mascarilla, sería prudente que nos acostumbremos a portarla siempre y usarla, especialmente cuando nos encontramos en un lugar cerrado, con aglomeración de personas.