Evita ser una madre culposa y serás una madre feliz

Como le ocurre a casi todas las mamás que deben trabajar fuera de la casa, o incluso a las que hacen home office, seguramente muchas veces habrás sentido que no pasas suficiente tiempo con tu hijo.
Y si eres mamá de tiempo completo, también te habrá sucedido que de pronto piensas si serás lo suficientemente cariñosa, paciente, comprensiva, o divertida… y siguen los adjetivos.
Eso es lo que suele conocerse como ser una madre culposa.
O sea una madre que siente que no es suficientemente buena.
La pregunta del millón
Pero ¿qué es ser una buena madre?
La mayoría de las mujeres, especialmente en nuestra cultura occidental, luchan con la creencia de que no son lo suficientemente buenas.
Sienten que les fallan a sus hijos y que no están a la altura de la imagen de una madre perfecta.
Porque les han enseñado que una madre perfecta es desinteresada, no tiene necesidades propias, existe sólo para sus hijos y no debe faltar a ninguna reunión escolar, ni mucho menos dejar a sus hijos en una guardería o con una niñera para salir a trabajar.
Algo que podía ser normal en otras épocas, pero que ya casi ninguna mujer quiere ni puede hacer.
Tal vez lo más dramático sea que, a pesar de que esa imagen de perfección entra en conflicto con su bienestar, y en muchos casos con la realidad económica, muchas mujeres siguen avergonzándose por no ser quienes se supone que deberían ser.
Entrando en la realidad
Para ser una mamá feliz es necesario que dejes de lado la historia que te han contado acerca de lo que deberías ser, y comiences a vivir según la mamá que en verdad eres.
Olvida los viejos cuentos de hadas que te contaron en tu infancia y toma conciencia de lo que te cuenta tu yo interior.
Presta atención a tu bienestar y no sientas que por el solo hecho de hacerlo estás faltando a tus deberes como madre.
Recuerda que tus deseos y necesidades importan. Vuelve a poner tu yo auténtico en la historia familiar.
Si tu condición económica te obliga a trabajar fuera del hogar, hazlo con alegría y pensando que con el dinero que obtienes puedes darle a tus hijos una mejor educación, un mejor nivel de vida, más oportunidades para su futuro.
Y si no quieres renunciar a tu carrera profesional y decides continuarla, aunque no lo necesites desde el punto de vista económico, tampoco te sientas culpable.
Como te sentirás feliz, en lugar de culpable, el tiempo que pases con tus hijos será mucho más valioso, seguramente, que el que puede pasar una madre que vive atormentada por no poder satisfacer las más elementales necesidades familiares.
Porque todos estarán mejor si tú te sientes mejor. Y todos disfrutarán con tu alegría.
Si pierdes tu tiempo en recordar todo lo que te han dicho que debes ser para ser una buena madre, te hundirás en la duda y dejarás de vivir tu propia maternidad tratando de entrar en un molde que te es ajeno.
Dejarás de ser una mamá feliz, que confía en lo que está haciendo y siente que está dándole a sus hijos lo mejor de sí, para ser una mamá frustrada por sentir que no cumple con ideales que, además, ya no son los suyos.
Deja que tus hijos conozcan quién eres, para que ellos también puedan ser más auténticos a futuro.
Recuerda que los niños aprenden de lo que ven más que de lo que se les dice.
Cancela a tu crítico interno y no intentes ser otra persona.
Porque eso es vivir en la mentira. Y seguramente no pensarás que una madre que enseña a sus hijos a ser mentirosos es una buena madre.
Por supuesto, siempre hay espacio y tiempo para mejorar.
Pero trata de sentir que estás haciendo todo lo mejor que puedes, aunque como humanos todos nos equivocamos, muchas veces.