Cómo saber si sufres estrés crónico

En un momento u otro de nuestras vidas, la mayoría de las personas lidiamos con sentimientos de estrés.
Un reciente estudio encontró que el sesenta por ciento de los adultos informaron haber experimentado altos niveles de estrés percibido.
Emocionalmente, el estrés se puede definir como la sensación de estar abrumado y ser incapaz de hacer frente a la presión mental o emocional.
El estrés es la reacción del cuerpo frente a un nuevo desafío o demanda.
Hay dos tipos de estrés: el agudo y el crónico.
El estrés agudo es una respuesta adaptativa positiva, que te permite enfrentar una situación desconocida y/o peligrosa. Desaparece cuando lo hace el factor estresante.
Cuando el estrés se prolonga en el tiempo, se transforma en estrés crónico y puede afectar a tu salud mental y física, y también tus relaciones laborales y familiares.
En muchos casos el problema mayor reside en que las personas pueden acostumbrarse tanto al estado de estrés prolongado que dejan de considerarlo un problema, y lo consideran inevitable por el tipo de vida que tenemos en nuestro mundo occidental.
Pero, si quieres conservar tu salud, debes encontrar la manera de controlar el estrés.
Presta atención a la presencia de algunos síntomas que te pueden indicar si necesitas recibir ayuda profesional.
A continuación desarrollamos algunos síntomas que pueden indicarte que padeces un estado de estrés crónico.
Por supuesto solamente enumeraremos los más comunes y, tal vez, importantes, porque cada persona reacciona ante el estrés según su biotipo y sus características emocionales.
Pero si alguno te resuena, comienza a intentar resolverlo.
Síntomas de estrés
Insomnio y falta de energía y concentración
El estrés prolongado puede causar falta de energía durante la jornada de trabajo e interrupciones en el sueño.
A su vez, el sueño de mala calidad o insuficiente puede derivar en falta de concentración y disminución de las capacidades cognitivas.
Una revisión de estudios previos, realizada en el año 2018, encontró que la preocupación y la rumiación de los problemas diurnos, relacionadas con el estrés, pueden provocar una disminución de la calidad reparadora del sueño, y el riesgo de desarrollar insomnio.
Cambios en el deseo sexual
Muchas personas experimentan cambios en sus impulsos sexuales durante períodos estresantes.
Desde el punto de vista fisiológico, se produce un descenso en los niveles de andrógenos y estrógenos cuando el cuerpo está bajo los efectos del estrés.
El estrés no sólo afecta al deseo sexual sino que también puede provocar eyaculación precoz, sequedad vaginal, impotencia eréctil e impotencia orgásmica.
Un estudio publicado en 2021, sobre el impacto de la pandemia de COVID-19 en la salud reproductiva de las mujeres, encontró que el cuarenta y cinco por ciento de la mujeres encuestadas informaron una reducción de la libido por estrés.
Depresión
Algunos estudios sugieren que el estrés crónico puede estar asociado con la depresión y los episodios depresivos.
El estrés crónico provoca cambios neurobiológicos consistentes en la reducción de la actividad del córtex prefrontal, y el incremento de la actividad de estructuras límbicas, como la amígdala y el hipocampo, como consecuencia del incremento en los niveles de glucocorticoides.
La depresión también implica cambios en dichas estructuras: hipoactivación prefrontal y del hipocampo e hiperactivación amigdalina, que suponen a su vez un factor de riesgo de mayor vulnerabilidad a estresores, afectando incluso al funcionamiento del sistema inmunitario.
De modo que la evidencia disponible define mecanismos neurobiológicos consistentes con una relación entre estrés y depresión.
Dolores de cabeza
Muchos estudios han encontrado que el estrés puede contribuir a los dolores de cabeza, que pueden incluir la cara y el cuello.
El estrés es un desencadenante común de dolores de cabeza y migraña fundamentalmente por tensión muscular.
El bruxismo, por ejemplo, es un transtorno que implica un movimiento nocturno inconciente de los músculos de la masticación, que aprietan los dientes.
Cuando el estrés es prolongado, las mandíbulas pueden estar apretadas durante todo el día, con lo cual no solamente se desgastan los dientes de manera innecearia sino que se contraen todos los músculos de la cara, y esa tensión produce dolor.
Cuando los músculos del cuello y del cuero cabelludo se tensionan o se contraen también producen cefaleas.
Dolor crónico
Algunos estudios han encontrado que el dolor crónico puede estar asociado con niveles más altos de cortisol, que es la principal hormona del estrés.
Un reciente estudio demostró que las personas con dolor crónico tenían niveles más altos de cortisol en el cabello, lo que el estudio describió como un nuevo indicador de estrés prolongado.
Transpiración excesiva
La exposición al estrés también puede causar sudoración excesiva.
Una revisión de 2013 definió la sudoración psicológica, que se produce en respuesta al estrés y la ansiedad, y afirma que este tipo de sudor suele aparecer en la cara, las palmas de las manos, las plantas de los pies y las axilas, en muchos casos con un olor fuerte y desagradable.
Es más frecuente en los adolescentes, pero puede aparecer también en la edad adulta.
Problemas digestivos
El estrés puede estar asociado con problemas digestivos, como estreñimiento, acidez estomacal y diarrea.
Afecta especialmente a las personas con trastornos digestivos preexistentes, como el síndrome del intestino irritable o la enfermedad inflamatoria intestinal.
Entre el cerebro y el tracto gastrointestinal existe una interacción que se produce a través de vías neuroendocrinas como el sistema nervioso autónomo y el eje hipotalámico-hipofisiario-adrenal.
Por esa razón, el estrés altera varias funciones gastrointestinales, como la permeabilidad, la motilidad, la sensibilidad visceral, el flujo sanguíneo, las secreciones y la microbiota.
Además, la microbiota interacciona localmente con las células intestinales, el sistema nervioso entérico y el sistema nervioso central.
Todas estas conexiones se conocen con el nombre de eje cerebro-intestino-microbiota.
Tomar conciencia y pedir ayuda
Una vez que sabes que el estrés crónico afecta tu bienestar mental y físico, y reconoces las señales de advertencia, ya puedes ir en busca de una salida que te permita conocer y procesar los eventos diarios que pueden estar provocando tantos trastornos.
Si en soledad no logras mantener a raya al estrés, busca ayuda.
Afortunadamente, hay muchas maneras de aliviar el estrés: hablar con amigos o eventualmente con un terapeuta, hacer actividad física, hacer ejercicios de respiración conciente, meditar, practicar ejercicios de relajación.
Sólo se trata de que encuentres la forma más adecuada para ti, según tus intereses, tu edad biológica y tus posibilidades económicas y sociales.