Mutismo selectivo. Niños que no hablan en ciertas ocasiones

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Tal vez, si tienes un hijo, has notado que es muy dicharachero en familia o en el grupo de amigos pero, enfrentado ante una persona con quien no tiene confianza, se mantiene siempre en silencio.

Puede ser que lo interpretes como timidez, y que incluso le reproches su mutismo. Pero ¿se te ha ocurrido pensar que ese mutismo puede deberse a un trastorno de ansiedad?

Tal vez, especialmente si tu hijo es mayor de seis años, sería bueno que comiences a observar mejor en qué circunstancias se produce el mutismo, para poder decidir si es algo normal, por la edad, o bien es una reacción inadecuada, y es necesario buscar ayuda.

Porque, si bien el no hablar puede ser pasajero, especialmente en los niños pequeños, si se extiende más allá de los seis años es importante prestar atención a las circunstancias para evitar que el trastorno se prolongue y llegue hasta la edad adulta, entorpeciendo las relaciones laborales y sociales.

Qué es el mutismo selectivo

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad que afecta con mayor frecuencia a los niños entre los tres y los seis años, que es el momento en que se incorporan a la escuela y se ponen en contacto con personas que al principio les resultan extrañas.

La palabra selectivo no significa aquí que la persona ha decidido no hablar, sino que, por alguna razón, no puede hablar en determinadas situaciones, en tanto sí puede hacerlo en otras.

Signos de mutismo selectivo

El mutismo selectivo puede aparecer en cualquier situación en la que exista una demanda de desempeño y presiones sociales.

Puede que tu hijo hable mucho en familia pero permanezca en silencio en la escuela.

Y también que una persona adulta pueda ser el animador de una reunión de amigos, contando chistes, por ejemplo, pero enmudezca (literalmente) si le toca hablar ante un auditorio integrado por extraños.

Los principales síntomas del mutismo selectivo incluyen:

  • malestar general, nerviosismo y timidez con personas desconocidas;

  • evitación de reuniones sociales que pueden requerir hablar con otros;

  • total incapacidad de hablar con personas desconocidas (bloqueo);

  • comunicación por interpósita persona.

Efectos del mutismo selectivo

En los niños, a corto plazo, el mutismo selectivo puede afectar su capacidad para formar y mantener amistades en la escuela, y dificultar la adecuada evaluación de sus capacidades por parte de los maestros.

Pero, sin un tratamiento adecuado, el mutismo selectivo puede prolongarse en la edad adulta, e incluso desaparecer temporalmente y volver a surgir cuando la persona se enfrenta con situaciones muy estresantes.

También puede ocurrir que la persona considere situaciones cotidianas como muy desafiantes, entre ellas programar una cita con un médico, organizar contactos con técnicos que reparen aparatos domésticos o el automócvil, participar en reuniones de padres en la escuela de sus hijos, participar en deportes grupales, y otras.

Tratamiento

Si bien el mutismo selectivo puede mejorar por sí solo, los expertos recomiendan buscar tratamiento a la brevedad una vez obtenido el diagnóstico, porque el trastorno es más difícil de tratar a medida que el niño crece.

Hay una amplia variedad de tratamientos posibles, pero eso debe quedar a criterio del profesional que hayas elegido o que te haya indicado el médico tratante.

En general, todos los tratamientos se enfocan en reducir la ansiedad, enseñar habilidades de afrontamiento y desensibilizar a través de la exposición gradual a hablar en nuevos entornos y con distintas personas.

Algo que es importante que sepas, como padre o madre de un niño con este tipo de problemas, es que ningún medicamento puede tratar específicamente el mutismo selectivo.

Solamente debería indicarse medicación ante casos con depresión o ansiedad graves, que son muy raros. Y solamente deben abordar este tipo de terapéuticas los médicos especializados.

La importancia del entorno familiar

El apoyo y el acompañamiento del entorno familiar es fundamental para un niño con mutismo selectivo.

Como ya se dijo, la mayoría de los niños superan el mutismo selectivo con el tiempo, y la condición rara vez persiste hasta la edad adulta.

La recuperación dependerá de varios factores: el nivel de apoyo familiar, la antigüedad de la condición (por eso es importante un diagnóstico precoz), la gravedad del trastorno y las eventuales condiciones de ansiedad adicionales (familia disfuncional).

La mayoría de los niños y adolescentes mejoran en solo un par de meses de tratamiento.

Nunca castigues a tu hijo por no hablar, ni lo califiques con términos peyorativos.

Recuerda que no está eligiendo deliberadamente no hablar, y al castigarlo contribuirás a que aumente su ansiedad.

Aliéntalo y recompénsalo cada vez que sea capaz de conversar con personas con las que no tiene confianza, y facilítale los contactos necesarios para que lleve una vida social activa.

Con frecuencia los padres se avergüenzan de un hijo con problemas y prefieren mantenerlo aislado.

Lo más adecuado es ir exponiéndolo lentamente a nuevas situaciones sociales, sin exigencias previas, y manteniéndote cerca para brindarle seguridad cuando sea necesario.

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