Cambiar el “deberías” por “me gustaría que” mejorará tus relaciones

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Cuando tus deseos se convierten en exigencias, estás arruinando tus relaciones con los demás.

Y si lo aplicas a ti mismo, el “debería” puede causarte grandes frustraciones y alterar tu calidad de vida.

Cambiar la demanda por una sugerencia

Para ser más claros.

Está bien que desees que tu hijo o tu pareja, por ejemplo, se comporten de una manera diferente de la habitual, y que esté más acorde con lo que consideras es el comportamiento ideal para ti.

Pero si ese deseo se transforma, en tu mente, en una demanda, estarás perdiendo tu tiempo, consumiendo energías que podrías usar con fines más satisfactorios (para ti), y destruyendo relaciones.

Vivir molesto por situaciones sobre las que tienes poco o ningún control, probablemente te conducirá a desarrollar síntomas desagradables y te enfermará. Y, aunque nos resulte difícil admitirlo, tenemos muy poco control sobre los comportamientos de los demás.

Cuando criticas las acciones de otras personas abiertamente, debes tener en cuenta que esos otros no se sentirán felices al sentir que son juzgados. Y la relación se volverá tensa.

Exigir obediencia puede, incluso, causar un efecto rebote que lleva al otro a actuar de manera desafiante, exacerbando las actitudes que les reprochas.

Si criticas en silencio fomentarás resentimiento dentro de ti. Y seguramente, al cabo de un tiempo, explotarás con una reacción que al otro le resultará totalmente incomprensible y desmedida, porque ni siquiera conoce el porqué de esa reacción.

El origen de tus exigencias

Cuando eres crítico, simplemente estás proyectando tu opinión sobre ti mismo en los demás.

Lamentablemente, casi desde el nacimiento hemos sido programados para ser lo que los demás consideran que deberíamos ser.

Tus padres, tus maestros, tus compañeros de escuela y de trabajo, la sociedad toda, el marketing, te han ido señalando, en las diversas etapas de tu vida, cómo debes ser y lo que tienes que hacer y tener para ser el hombre o la mujer ideales.

Ese es tu “debería”. Es la fuerza que guía tu vida.

Eres el objetivo de todas las reglas inaplicables que te fueron infligidas en todo el transcurso de tu vida, y que has internalizado como el deber ser, la perfección.

Y pretendes que los demás sean tan perfectos como crees que eres tú.

Pero te olvidas de un pequeño detalle. Cada uno tiene su propio deber ser.

Cada persona tiene su propia y única concepción de cómo se debe vivir la vida. Y así como la tuya es inflexible, y por eso te vuelves tan crítico de los demás, la de ellos también lo es, o al menos puede serlo.

Cómo cambiar las exigencias

Comprender cómo te has quedado atrapado en tu perspectiva de vida es, tal vez, el paso fundamental.

Luego observa cómo se proyectan tus puntos de vista sobre los demás.

El paso siguiente podría ser tomar conciencia de cómo ven los demás tus acciones y actitudes, lo cual es, a la vez, una lección de humildad y un paso hacia el cambio.

A medida que te vuelvas más regulado y más tranquilo, serás el cambio que te gustaría ver, y eso es contagioso.

Considera las acciones de los demás que te molestan, y cómo podrías influir en ellos para que cambien.

Y, lo más importante, haz un esfuerzo, aunque a todos nos resulta difícil, por comprender al otro, en lugar de juzgarlo.

No les digas a los demás lo que deben hacer sino lo que a ti te agradaría más que hagan.

Trata de que entiendan que con eso te ayudarán a ser más feliz. Y es muy probable que así logres que tú y los que te rodean logren ser, todos juntos, más felices.

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