Aprende a pensar antes de actuar. ¡Regula tus emociones!

La capacidad de pensar antes de actuar puede ayudarte a equivocarte menos en tus actividades diarias y también a mejorar tu relación con otras personas.
La autorregulación emocional es la habilidad que te permitirá evaluar con anticipación el resultado de tus acciones. Y es una habilidad aprendida. De manera que todos podemos disponer de ella.
Qué es la autorregulación emocional y para qué sirve
Podemos definir a la autorregulación emocional como la capacidad de controlar y modificar nuestros pensamientos, emociones, acciones y palabras.
Por supuesto requiere autocontrol, pero va más allá.
También requiere que sepas hacer una pausa antes de hacer o decir algo; que no te dejes llevar por los impulsos sino que, por el contrario, puedas instalar un lapso entre acción y reacción.
Vale decir que al autocontrol le agregues la capacidad de modificar una experiencia que te resulta frustrante de una manera positiva, para no dañar significativamente tus relaciones personales o profesionales.
Porque si reaccionas por impulso puedes provocar en los demás una respuesta que te perjudique.
En cambio, si puedes poner una distancia entre el desagrado o la frustración que la situación te ha provocado y tu reacción a ella, es probable que encuentres una manera de superar la situación que resulte amigable y provechosa, para ti y para el otro involucrado.
Si bien a cualquier edad la autorregulación emocional nos da la oportunidad de resolver conflictos con calma y de manera racional, en general es una habilidad que se aprende en la infancia, pero mejora con el aumento de la edad. Al menos, en condiciones normales.
Cómo desarrollar la autorregulación emocional
Los niños aprenden a desarrollar esta habilidad cuando se relacionan con otros niños y con sus cuidadores.
Así van evolucionando desde los tremendos berrinches ante la más mínima frustración hacia una actitud más tolerante.
Pero, por supuesto, esa evolución no elimina la ira, la tristeza o la decepción.
Porque no se trata de aprender a reprimir emociones, lo cual nunca es saludable, sino de aprender a enfrentar las emociones con una actitud diferente, no agresiva.
La parte del cerebro que controla los impulsos, la reactividad y la flexibilidad para enfrentarlos se desarrolla principalmente durante la adolescencia, y madura completamente alrededor de los veinticinco años.
Las situaciones de estrés extremo pueden retrasar la maduración de estas habilidades o incluso suprimirlas, lo cual conduce a adoptar mecanismos de afrontamiento negativos, como el alcoholismo, el abuso de sustancias psicoactivas, las autoagresiones y otros comportamientos dañinos.
Cómo mejorar tu autorregulación emocional
Algunas prácticas relacionadas con hábitos saludables pueden ayudarte a incrementar la autorregulación emocional en la vida diaria.
Buena alimentación. Comer alimentos de buena calidad nutricional, y en horarios regulares, puede ayudar porque estar hambrientos o dispépticos suele ponernos más irritables.
Ejercicio. La actividad física ayuda a descargar energías negativas y genera endorfinas, sustancias que producen sensación de bienestar y mejoran el humor.
Sueño reparador. Cuando estamos agotados por el trabajo o cualquier rutina diaria podemos reaccionar de manera agresiva con mayor facilidad.
Poner una pausa antes de reaccionar. Como decía un refrán: mejor contar hasta diez antes de reaccionar. Toma una pausa para respirar hondo varias veces cuando te enfrentes a una situación frustrante o desagradable.
Meditación o atención plena. Son prácticas que pueden ayudarte a gestionar tus emociones, incrementando tus habilidades de afrontamiento; y también tienen otros efectos positivos en tu salud.
Recurrir a la ayuda profesional. Si sientes que no puedes lidiar con tus emociones o nunca logras alcanzar tus objetivos, puede ser beneficioso recurrir a un profesional de la salud mental.