Cómo evitar enfermedades

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Todos sabemos que la mejor manera para mantenerse sano es adoptar un estilo de vida saludable.

Pero saludable es, en realidad, un concepto amplio y difuso.

Lo que para algunas personas puede ser, por ejemplo, una dieta saludable, para otras no lo es. Porque todo depende de las posibilidades que brinden tanto el ambiente natural como el socioeconómico en el cual una persona está inmersa.

Sin embargo casi todas las investigaciones coinciden cuando de recomendaciones generales se trata.

Para proteger el cuerpo de infecciones y enfermedades es necesario reforzar el sistema inmunológico.

Y para lograrlo basta con cumplir con ciertas rutinas diarias, que son sencillas pero desgraciadamente solemos olvidar cuando nos sumimos en una realidad que nos exige al máximo y nos deja poco tiempo para nuestro cuidado personal.

Por supuesto, en la actualidad contamos con vacunas que nos protegen de muchas enfermedades específicas, que en otros tiempos llegaron a ser fatales.

Aunque algunas vacunas no logran evitar el contagio, como es el caso del COVID 19 y de la gripe, al menos nos facilitan el tránsito por las enfermedades con mucho menos complicaciones y riesgos.

Pero también existen otras formas, más domésticas, para reforzar nuestro sistema inmune.

1. Buena alimentación

Una buena alimentación brinda múltiples nutrientes que respaldan una función inmunológica óptima.

Los alimentos vegetales integrales como frutas, verduras, nueces, semillas y legumbres son ricos en antioxidantes que pueden colaborar con nuestro salud disminuyendo la inflamación crónica producida por los llamados “radicales libres” cuando se acumulan en nuestro organismo.

La inflamación crónica< está relacionada con numerosas condiciones de salud, incluidas las enfermedades cardíacas, el Alzheimer y ciertos tipos de cáncer.

Además los alimentos vegetales también poseen buenas proporciones de fibra, que ayuda a mejorar la cantidad de bacterias saludables en los intestinos.

Recientes investigaciones han demostrado que una flora intestinal robusta colabora para evitar que los patógenos dañinos ingresen al cuerpo a través del tracto digestivo.

Por último, aunque no menos importante, los alimentos de origen vegetal proveen a nuestro organismo de vitaminas y minerales indispensables para una función inmunológica óptima.

Una buena alimentación también implica limitar las grasas saturadas, el colesterol, la sal, los saborizantes artificiales, las comidas rápidas y los azúcares añadidos.

2. Realizar actividad física

El ejercicio moderado puede estimular al sistema inmunológico Y es especialmente eficaz para mejorar las defensas en aquellas personas que están inmunosuprimidas o son inmunodeficitarias.

Los ejemplos de ejercicio moderado incluyen caminar a paso rápido, andar en bicicleta de manera constante, trotar, nadar y hacer caminatas ligeras también de manera constante, al menos cinco días a la semana durante treinta minutos.

La actividad física regular ayuda a controlar el estrés reduciendo la ansiedad. Y también colabora en el mantenimiento de un peso adecuado a nuestra talla y edad.

Además el ejercicio ralentiza el envejecimiento, mejora la calidad del sueño y el humor.

3. Dormir lo suficiente

El sueño inadecuado o de mala calidad está relacionado con una mayor susceptibilidad a las enfermedades.

Se considera que un adulto debe dormir entre siete y ocho horas cada noche, mientras que los adolescentes necesitan entre ocho y diez horas. y los niños más pequeños y los bebés hasta catorce horas..

Pero no sólo necesitamos dormir una cierta cantidad de horas. También es necesario tener un sueño reparador o sea un sueño de buena calidad.

Para lograrlo es recomendable dormir en una habitación completamente oscura, sin exceso de calefacción o refrigeración (alrededor de 20ºC); acostarse y despertarse, si es posible, a la misma hora todos los días; y realizar la última comida del día unas dos horas antes de ir a dormir.

4. Mantenerse hidratado

La deshidratación puede causar dolores de cabeza y dificultar el rendimiento físico, la concentración, el estado de ánimo, la digestión y la función cardíaca y renal.

Estas complicaciones pueden aumentar nuestra susceptibilidad a la enfermedad.

Lo recomendable para una buena hidratación es beber agua, porque no contiene calorías, aditivos ni azúcar.

Para saber si nuestro cuerpo está suficientemente hidratado basta con controlar el color de la orina. Debe ser de color amarillo pálido.

Aunque la mayoría de las personas beben cuando sienten sed, es importante, especialmente en los niños pequeños y los adultos mayores, establecer una rutina de hidratación frecuente.

En ambos extremos de la vida es frecuente que se sienta sed cuando ya el cuerpo está deshidratado.

5. Evitar el cigarrillo y el alcohol

Según varios estudios, el consumo excesivo de alcohol puede debilitar nuestro sistema inmunológico, haciendo del cuerpo un objetivo más fácil para las enfermedades, porque reduce el número de los linfocitos T que juegan un papel importante en el reconocimiento y destrucción de organismos infecciosos como bacterias y virus.

El tabaquismo afecta tanto al tracto respiratorio como al tracto digestivo, lo que genera predisposición al desarrollo de algunas infecciones y agrava el curso clínico de otras.

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