Razones que explican por qué toda música pasada fue mejor

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¿Alguna vez te preguntaste por qué las personas, a medida que envejecen, suelen rechazar la música nueva, la que corresponde al momento que están viviendo, y consideran que la que escuchaban cuando eran jóvenes era mucho mejor?

Seguramente a todos nosotros nos ocurrió, siendo adolescentes, escuchar a nuestros padres decir: “¿cómo puedes escuchar eso?” o "¡la música de ahora es toda igual, puro ruido!"

En general, a partir de los cuarenta años comenzamos a escuchar siempre la misma música. Aquella que nos gustaba en nuestra adolescencia y primera juventud.

Según algunos expertos en la materia, la motivación de este comportamiento se debería a que, a medida que nuestra edad aumenta la biología comienza a estar en nuestra contra.

Cuando somos jóvenes y escuchamos nuestras canciones favoritas, la inmediata sensación de placer que nos producen libera hormonas, como la serotonina, la dopamina y la oxitocina... Y en ese momento nuestros cuerpos son una verdadera cantera de hormonas.

Nuestro cerebro, aún maleable y muy sensible, absorbe esas sensaciones placenteras y le da a la música de ese momento un valor intrínseco especial.

Cuando vamos envejeciendo, esa música que tanto habíamos escuchado nos retrotrae a nuestra juventud y nos devuelve, aunque fugazmente, a los viejos y poderosos sentimientos que supimos tener alguna vez.

La importancia de explorar músicas nuevas

Explorar músicas nuevas, de manera intencional, puede ayudarnos, no solamente a experimentar nuevos placeres, sino también a estimular nuestro cerebro.

Hasta aproximadamente los diez u once años de edad los niños están abiertos a escuchar todo tipo de música e interactuar con ella.

En la adolescencia, si bien el interés por la música está muy activo, suele aparecer una tendencia a identificarse con determinados géneros musicales, que suelen ser aquellos preferidos por nuestros grupos de pertenencia o de referencia.

Cuando aparecieron los Beatles, casi todos fuimos beatlemaníacos. Lo mismo con los Rolling Stones, y tantos otros grupos o solistas.

En la adolescencia, la música es un marcador de identidad y, muy a menudo, un instrumento para navegar en los círculos sociales.

La apertura auditiva aumenta ligeramente durante la edad adulta joven y luego comienza a decrecer.

Un estudio realizado en 2013 mostró que la importancia que atribuimos a la música disminuye después de la adolescencia, y la cantidad de música que escuchamos se reduce, desde un veinte por ciento del tiempo de vigilia durante la adolescencia, al trece por ciento en la edad adulta.

Pero no se trata solamente de menos tiempo de escucha sino también de menor atención.

Para muchos adultos, la música se convierte en algo complementario de otras actividades, como limpiar la casa, o hacer gimnasia, o conducir el automóvil durante un viaje largo.

La explicación de la neurociencia

La neurociencia proporciona algunas ideas sobre cómo y por qué se desarrollan nuestros gustos musicales.

Algunas investigaciones anteriores, demostraron que los bebés muestran afinidad con la música que escuchan en el útero.

Según este enfoque, la música que nos gusta probablemente activa huellas de memoria de momentos emocionales en nuestras vidas.

Aunque pueda resultar una interpretación algo prosaica, según este enfoque lo que hace que una música nos guste es, simplemente, una reacción de dopamina, que surge de patrones que nuestro cerebro reconoce y transforma en una expectativa de placer basada en placeres pasados.

Por más que este criterio pueda ser cierto, no es agradable considerar que, si dejamos de escuchar activamente música nueva o desconocida, con el correr del tiempo y de la edad el vínculo entre el patrón musical y el placer van a desaparecer.

Afortunadamente algunas investigaciones recientes sugieren que el gusto musical puede continuar desarrollándose a lo largo de toda la vida.

Mantener una escucha habitual, conciente y persistente, por ejemplo, puede hacer que tu cerebro comience a desencadenar nuevas respuestas de placer.

Por supuesto seguirás amando la música que te apasionó de joven, pero también puedes darte la oportunidad de ampliar tu espectro musical y, al mismo tiempo, ayudar a tu cerebro a formar nuevos patrones que lo rejuvenecerán.

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