Todos podemos ser creativos

El pensamiento creativo no es un don especial que sólo algunos privilegiados han recibido.
La capacidad de generar ideas novedosas y atractivas para los demás no es exclusiva de personas súper talentosas.
Los medios de difusión nos muestran a los creativos como personas extravagantes, totalmente diferentes de nosotros, los simples y rutinarios humanos, dedicados a tareas tradicionales.
Pero tú y yo, pensadores convencionales, utilizamos nuestro pensamiento creativo a diario… sólo que no somos concientes de que lo hacemos.
De manera que la creatividad es una habilidad de la que todos disponemos, y que, además, se puede potenciar.
¿Qué es la creatividad?
La creatividad suele definirse como la generación de ideas o conocimientos que son novedosos y útiles.
Si consideras esa definición tú eres creativo cuando preparas un postre con los restos de frutas y de yogur o crema que tienes en la heladera, y le agregas encima alguna galletita molida para que quede más bonito, o lo espolvoreas con el cacao que usas para el desayuno.
O cuando improvisas el arreglo de algo que falló en tu auto y estás en el medio de una carretera a varios kilómetros de un taller mecánico.
También eres creativo cuando practicas lo que los especialistas llaman reevaluación emocional de una situación complicada o desagradable, para transformarla en una experiencia positiva y que puede incluso dejarte una enseñanza provechosa.
Entrenando la creatividad
Una reciente investigación intentó demostrar que entre el pensamiento creativo y la reevaluación emocional existe un vínculo, y que a través de esa relación se puede ayudar a las personas a ser más creativas.
En el experimento se propuso a un grupo de personas, a las que enfrentaron con escenarios diseñados para provocar una respuesta emocional, que resolvieran la situación según tres estrategias diferentes.
Una vez divididos los participantes en tres grupos, a unos se les pidió que reprimieran su respuesta emocional: a otros que se distrajeran pensando en otra cosa; y al tercer grupo se le pidió que reevaluara la situación viéndola de manera diferente.
Luego se les pidió a todos, como tarea aparentemente no relacionada con el experimento, que presentaran ideas creativas para resolver un problema laboral.
Al final del experimento, los integrantes del grupo que había recibido la consigna de reevaluar la situación generaron ideas más creativas que el resto para solucionar el problema laboral.
El pensamiento flexible
Las emociones negativas son inevitables para todos y en todos los espacios en los que funcionamos habitualmente: el hogar, el trabajo, el esparcimiento.
Este experimento demostró que si las personas ocultan sus sentimientos negativos ante los demás, o si usan la distracción como modo de evasión de una realidad que resulta frustrante, comienzan a limitar sus propios recursos creativos.
Se demostró que es fundamental para todos practicar el pensamiento flexible, todos los días, y cada vez que experimentamos emociones negativas.
Las personas a menudo ocultan sus sentimientos negativos ante los demás o utilizan la distracción para evitar pensar en sus frustraciones. Así se evaden o niegan la realidad.
Aunque no podamos tener el control sobre las circunstancias externas, ni modificar a nuestro antojo las circunstancias vitales del día a día, tenemos siempre la libertad de elegir cómo enfrentamos la realidad displacentera de una manera provechosa para nuestra salud física y emocional.
De esa manera nos podemos volver cada día más creativos.
No sólo seremos menos desdichados sino que, además, podremos obtener incluso beneficios materiales, porque, seguramente, ejercitando nuestra creatividad mejoraremos también nuestra capacidad laboral y se nos apreciará (y remunerará) probablemente mucho mejor.