Cómo evitar los molestos calambres musculares

Los calambres musculares son contracciones repentinas e involuntarias en uno o más músculos, bastante desagradables, pero afortunadamente temporarias.
La duración de los síntomas suele oscilar entre segundos y unos pocos minutos.
Cuando se producen calambres musculares se siente una tensión repentina en el músculo afectado, que parece contraerse o tener espasmos.
Este endurecimiento a menudo no se detiene y provoca dolor en el área afectada.
Si los músculos están cerca de la piel, podemos percibir la contracción del músculo porque se forma un nudo duro o un bulto de tejido en el sitio afectado.
Causas
Es difícil identificar la causa exacta de un calambre muscular.
Algunos músculos pueden simplemente comenzar a tener calambres por un corto tiempo y luego volver a la normalidad.
Si bien los calambres son impredecibles y muy difícilmente puedan ser detectados por un profesional, en muchos casos es importante que se estudien las causas subyacentes de su aparición.
Cualquier músculo de nuestro cuerpo puede acalambrarse, pero el ochenta por ciento de los calambres afecta a los músculos de la pantorrilla, probablemente porque son los que trabajan más durante todo el día y sostienen el peso de todo nuestro cuerpo.
Los calambres temporales, es decir aquellos que pasan rápidamente y no se repiten con frecuencia, pueden tener alguna de las siguientes causas:
uso excesivo de un músculo
mantenimiento durante largo tiempo de una misma posición
deshidratación menor
falta de calentamiento previo al ejercicio
falta de elongación luego de la práctica deportiva o gimnástica
En algunos casos, un calambre muscular puede ser un signo de un problema subyacente en el cuerpo, como:
falta de electrolitos o minerales
nervios comprimidos
mala circulación sanguínea
trastornos de la glándula tiroides
cirrosis
diabetes
fibromialgia
insuficiencia renal
envejecimiento
embarazo
alteraciones en el ciclo menstrual
esclerosis lateral amiotrófica
Tratamiento
Como ya se ha dicho la mayoría de los calambres son temporales y desaparecen solos, en pocos minutos.
Pero evidentemente son muy molestos mientras duran y suelen provocar dolores intensos.
Para favorecer su desaparición puedes estirar suavemente todos los músculos del área contracturada.
Aplicar presión y realizar un masaje de tejido profundo, como si estuvieras amasando el área, también puede aliviar la tensión.
Las compresas calientes pueden ayudar, al hacer que los músculos se relajen un poco, lo que reduce la incomodidad y el dolor.
Algunas personas también pueden encontrar alivio en una ducha o un baño de inmersión tibio.
En el caso de los calambres menstruales, que se producen en la zona abdominal cuando el útero se contrae para desprenderse del revestimiento uterino, que luego el cuerpo expulsa a través de la vagina, pueden producir alivio las compresas tibias (nunca muy calientes) y algún analgésico de venta libre.
Los calambres nocturnos, que afectan especialmente a las personas mayores de sesenta años o a los deportistas que realizan entrenamiento intensivo, también pueden aliviarse tomando un baño de inmersión tibio antes de ir a dormir y, eventualmente algún analgésico de venta libre.
Si la contractura no cede y se repite con frecuencia, alterando tu rutina de sueño, es conveniente consultar a un médico que puede indicar algún relajante muscular. Pero no debes consumirlo sin indicación profesional por sus posibles efectos secundarios negativos.
Prevención
Puedes reducir la posibilidad de calambres musculares al evitar algunas de sus causas comunes.
A continuación enumeramos algunos consejos generales de prevención.
Mantente hidratado, bebiendo mucha agua y comiendo frutas que contengan mucha agua en su composición, especialmente en verano.
Repone electrolitos en el cuerpo, especialmente después de hacer ejercicio, utilizando alguna bebida isotónica si practicas entrenamientos intensivos. Pero nunca consumas agua en cantidades abundantes en una sola toma, porque puedes sufrir una descompensación.
Reduce el consumo de bebidas alcohólicas o elimínalo por completo.
Realiza ejercicios previos de calentamiento antes de usar los músculos en ejercicios específicos.
Realiza ejercicios de elongación luego de cualquier práctica deportiva o gimnástica.
Evita el sobreesfuerzo, especialmente el que involucra los músculos que ya sabes que tienden a acalambrarse.
Y siempre ten en cuenta que es imposible evitar eternamente los calambres y que alguna vez, todos los padecemos.