Superando el síndrome del nido vacío

Las emociones encontradas son normales cuando los hijos dejan el hogar parental, ya sea porque se casan o porque deciden encarar una vida independiente.
Los padres, y más frecuentemente las madres, sienten la falta de uno más del grupo familiar, que hasta el día anterior estaba presente y de pronto dejó una habitación deshabitada.
¿Qué es el síndrome del nido vacío?
El síndrome del nido vacío describe una etapa de la vida familiar caracterizada por la presencia de síntomas emocionales y físicos que aparecen después de que los hijos abandonan el hogar parental para realizar una vida independiente, en otro domicilio.
Después de años de tener la vida organizada alrededor de los horarios y las actividades de sus hijos, los padres se encuentran con una forma de vida nueva, que puede resultarles desconcertante.
Para algunos integrantes de la pareja, los hijos que se van del hogar ponen en primer plano la distancia que los años de paternidad puso entre ellos, y puede culminar incluso en una separación.
Para otros, puede ser un momento de renovación y cambio de sus prioridades personales y de la relación.
Esos cambios incluyen un mayor tiempo para la pareja, para la comunicación, y también muchos más momentos de privacidad.
Pero aun para las parejas que lo toman como una posible renovación de su relación amorosa, también surgen dudas que crean sentimientos encontrados.
La mujer puede empezar a considerar que, al tener más tiempo libre, es el momento de retomar las actividades fuera del hogar que había abandonado por falta de tiempo.
Una carrera, una relación laboral que era satisfactoria pero tuvo que dejar, reuniones con amigas, sesiones periódicas de gimnasia y cuidado personal, y tantas otras que suelen quedar en el camino cuando una mujer se convierte en madre.
Por este lado, la duda surge porque piensa que tal vez a su pareja no le agrade que ella retome esa vida más independiente que supo tener siendo más joven.
En el caso del hombre, es más frecuente que se cuestione la renovación por el lado de la actividad sexual.
Siendo ya mayor, pero teniendo que continuar todavía con un desempeño laboral que puede ser agotador, suele cuestionarse si será suficiente como para satisfacer a una esposa que ya no termina cada jornada agotada por la rutina familiar,
Síntomas más comunes del síndrome
Es natural que en los primeros meses de ausencia de los hijos en el hogar, tanto el hombre como la mujer extrañen la actividad diaria, la comunicación permanente con sus hijos, y haya momentos en los que se sientan tristes o simplemente añoren las horas que pasaban juntos, como la cena en familia.
El síndrome del nido vacío aparece cuando los síntomas, que mencionaremos a continuación, se prolongan durante un tiempo considerable (seis meses o más) y comienzan a afectar negativamente la calidad de vida de quien los padece.
Los síntomas más comunes que indican que tal vez sería necesario solicitar alguna ayuda profesional, incluyen:
Sentimientos de tristeza y vacío existencial.
Aburrimiento constante.
Crisis prolongadas y frecuentes de llanto.
Necesidad de rememorar constantemente momentos de la infancia de los hijos.
Necesidad de ponerse en contacto con los hijos todos los días para saber cómo están.
Incapacidad de disfrutar de actividades que antes resultaban satisfactorias.
Mareos y dolor de cabeza.
Insomnio
Cómo superar esta etapa sin morir en el intento
Tal vez este título no sea el más adecuado.
Probablemente lo más adecuado sería decir: “cómo transformar una relación de pareja, que ya ha cambiado casi totalmente, en una nueva y mejor”.
O sea, cómo evitar la muerte de una relación amorosa.
Tal vez lo primero sería aceptar que los hijos no son nuestra propiedad.
A partir de cierta edad ya debemos considerarlos como lo que son: otros adultos, con deseos, ambiciones, actividades y relaciones independientes.
Igualmente importante es tener en cuenta que ambos integrantes de la pareja han cambiado.
De manera que es necesario que vuelvan a conocerse como personas, y no como el papá y la mamá de un grupo familiar.
Esto solamente puede lograrse si ambos se proponen establecer una relación diferente a la que mantuvieron durante muchos años.
Planificar momentos de contacto íntimo y genuino, en los que se confiesen todas sus dudas ante la nueva situación, todas sus inquietudes personales nuevas, e incluso programar una cita romántica, puede ser fundamental para que ambos puedan volver a vivir una pareja feliz.
Y también puede ser importante planificar algunas actividades independientes, como salidas con el grupo de amigos de cada uno (si los conservan), pero por separado. De manera que la relación sea “juntos, pero no revueltos” y cada uno pueda volver a ser la persona independiente que alguna vez fue.
La partida de los hijos del hogar parental es una muy buena oportunidad para rediseñar el matrimonio.
Pero es imprescindible tomarse el tiempo necesario y poner empeño en la tarea.