Alimentos vencidos. ¿Los tiramos a la basura o no?

Cuando vamos a hacer una compra generalmente miramos la fecha de vencimiento de los productos que estamos por adquirir para asegurarnos que no tendremos complicaciones con la ingesta.
Todos sabemos que comer productos en mal estado pone en serio riesgo nuestra salud.
Puede provocarnos desde vómitos o diarrea hasta convulsiones e incluso la muerte.
Razón por la cual la fecha de caducidad impresa en los envases es considerada como límite absoluto de seguridad. Lo que está excedido de fecha debe ser descartado sin vacilar.
Esta reacción es lógica.
Por algo las diferentes áreas gubernamentales encargadas de la seguridad alimentaria disponen la obligatoriedad de etiquetar la información nutricional y fecha de caducidad de los productos que consumimos.
Pero según una investigación llevada a cabo por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) en los hogares norteamericanos se desperdicia un veinte por ciento de los alimentos adquiridos por errores en la interpretación del etiquetado.
El origen de los errores
Según la USDA las fechas que aparecen en el etiquetado no son calculadas por las autoridades sanitarias sino por los productores de alimentos, de manera que diferentes empresas pueden considerar fechas de caducidad diferentes para un mismo tipo de alimento.
Y puede ocurrir que, por dar un ejemplo, una empresa considere como fecha de consumo segura aquella que peermita conservar la integridad del alimento envasado (sabor, aroma, textura), aunque esa fecha no indique que el alimento ya no debe ser consumido, por ser peligroso para la salud.
Por cierto, hay productos que son potencialmente peligrosos. Entre ellos el pollo, los lácteos y algunas conservas de vegetales, que tal vez deberían ser etiquetados de manera especial, pero no es lo que ocurre habitualmente.
En esos casos el consumidor debe ser más prudente al momento de usarlos.
Lo mismo ocurre con los alimentos para bebés, especialmente las fórmulas que son utilizadas en reemplazo de la leche materna. Pero, en general, en estos casos la regulación queda a cargo de la autoridad sanitaria local.
Para concluir
Los estudios realizados en los Estados Unidos han llegado a la conclusión de que, ante la ausencia de un sistema uniforme de fechado de alimentos, son los consumidores quienes deben evaluar si un alimento está en condiciones de ser utilizado con seguridad o debe ser descartado por estar en posible mal estado.
Con algunos alimentos resulta más sencillo.
Nadie consumiría un panificado o bollería con moho. Tampoco una mermelada que presenta hongos en su superficie, o un sándwich que “huele mal”.
Utilizar nuestros sentidos (vista, olfato, tacto) para determinar qué alimento está en buen estado y cuál no lo está puede ser una buena manera de ahorrar dinero y también tiempo en nuevos viajes para hacer las compras.
Especialmente cuando lo que vayamos a consumir no exceda en demasía la fecha de caducidad etiquetada.